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lunes, 1 de marzo de 2010

como una repercusión de temas tratados en Cancún, México Harold Olmos se refiere al discurso medular de Oscar Arias mostrando las tendencias...hoy LA

Juan Domingo Perón, el caudillo argentino que gobernó en tiempos de bonanza y decadencia y que dejó pasar la posibilidad de hacer de su país la Australia del continente, decía que el año 2000 encontraría a las naciones latinoamericanas “unidas o sometidas”. Pues el 2000 las encontró más desunidas que cuando el caudillo pronunciaba la frase, en la década de 1970, y más permeadas por un divisivo sentimiento antinorteamericano. Perón no consiguió ver cómo crecía la distancia entre el norte rico y el sur pobre. Lo mató una afección pulmonar en 1974, menos de un año después de retornar tras un largo exilio y de retomar el mando presidencial con el 62% del voto popular. (Recuerdo haber leído que la afección, inicialmente una simple gripe, se agravó cuando, durante una concentración ante la Casa Rosada, replicaba a los abucheos de un grupo de “Montoneros”, algunos de cuyos dirigentes ahora son gobierno en su país.)

Hace algunos días, en Cancún, la cumbre de América Latina y del Caribe concluyó con una decisión: formar la Organización de Estados Latinoamericanos. En ella no estarán ni los Estados Unidos ni Canadá, los dos países más ricos del hemisferio. Sus postulados: nada esencialmente diferente de los que ya tiene la Organización de los Estados Americanos, financiada mayoritariamente por los dos excluidos de la nueva organización que nace dividiendo al hemisferio.

En esa reunión, el presidente costarricense y Premio Nobel de Paz Oscar Arias tuvo un discurso escasamente reseñado, y en Bolivia casi desconocido, aunque de amplia repercusión en la internet.

Algunos conceptos del mandatario llaman la atención porque parecen calcados de la realidad de algunas naciones. Escuchémoslo:

— A pesar de los discursos y de los aplausos (…) nuestra región ha avanzado poco en las últimas décadas. En ciertas áreas, ha caminado resueltamente hacia atrás. Muchos quieren abordar un oxidado vagón al pasado, a las trincheras ideológicas que dividieron al mundo durante la Guerra Fría. América Latina corre el riesgo de aumentar su insólita colección de generaciones perdidas.

— Honrar la deuda con la democracia quiere decir mucho más que promulgar constituciones políticas, firmar cartas democráticas o celebrar elecciones periódicas. Quiere decir construir una institucionalidad confiable, más allá de las anémicas estructuras que actualmente sostienen nuestros aparatos estatales. Quiere decir garantizar la supremacía de la ley y la vigencia del Estado de Derecho, que algunos insisten en saltar con garrocha. Quiere decir fortalecer el sistema de pesos y contrapesos, profundamente amenazado por la presencia de gobiernos tentaculares, que han borrado las fronteras entre gobernante, partido y Estado. Quiere decir asegurar el disfrute de un núcleo duro de derechos y garantías fundamentales, crónicamente vulnerados en buena parte de la región latinoamericana. Y quiere decir, antes que nada, la utilización del poder político para lograr un mayor desarrollo humano, el mejoramiento de las condiciones de vida de nuestros habitantes y la expansión de las libertades de nuestros ciudadanos.

Al igual que en la Cumbre de las Américas en abril pasado en Trinidad y Tobago, cuando Arias criticó el afán latinoamericano de culpar de sus males a Estados Unidos, ninguno de los asistentes le respondió. Un conveniente silencio siguió a sus palabras, una bofetada para algunos de los presentes. ¿Quieren adivinar?

http://haroldolmos.wordpress.com

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