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viernes, 17 de febrero de 2017

crónica de la BBC.mundo que cuenta la historia de una secretaria, luego experta en traducciones y finalmente agente de la DINA, (policía secreta de Pinochet) Adriana Rivas ha sido finalmente encerrada ya en Democracia y una sobrina suya recompuso toda la historia de persecusión y muerte.


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¿Secretaria bonita o brutal torturadora? La doble vida de la asistente de Manuel Contreras, el cerebro de las desapariciones forzadas en el Chile de Pinochet

Cuando Lissette Orozco y toda su familia fueron a buscar a Adriana Rivas al aeropuerto de Santiago, en Chile, se toparon con una sorpresa nada agradable.
"La tía Chany", como le decía Lissette a su tía favorita -la que vivía en Australia y que cada vez que llegaba venía llena de regalos e historias divertidas- no salió llena de maletas como era habitual.
Tardó muchísimo. Y cuando salió, lo hizo escoltada por hombres que la subieron a un auto y se la llevaron.
Lissette miró para todos lados, desesperada, pero nadie se extrañó. Más bien un silencio condescendiente, de resignación, inundó el lugar y a los familiares que la acompañaban.
Era 2007 y fue entonces cuando la joven de 19 años supo que la tía Chany ocultaba algo. Le ocultaba algo.
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En esa época Lissette estaba empezando a estudiar cine y su olfato, como ella misma cuenta, la empujó a tomar la cámara.
No se equivocó.

De secretaria a acusada

Para el golpe de Estado de 1973 en Chile, que terminó con el gobierno democráticamente electo de Salvador Allende e impuso uno militar, liderado por el general Augusto Pinochet, Adriana Rivas estudiaba secretariado ejecutivo bilingüe.
Quería ser veterinaria y había quedado en una universidad fuera de Santiago, pero como su padre no la autorizó a estudiar fuera, se metió al instituto.
Apenas meses después del golpe y sin haber terminado sus estudios, Rivas fue reclutada para un cargo en el ministerio de Defensa.
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En el papel, era secretaria de la Dirección Nacional de Rehabilitación. Pero en la práctica, trabajaba para la naciente Dirección Nacional de Inteligencia, DINA, que operó en Chile entre 1973 y 1977.
Décadas después se comprobaría que el organismo fue el responsable de la tortura, muerte y desaparición de miles de personas durante el régimen militar.
Allí llegó Adriana, inicialmente como secretaria de varios militares, incluido el propio Manuel Contreras, el hombre fuerte de Pinochet en labores de inteligencia y coerción.
"Como yo sabía inglés, me pusieron a traducir lo que llegaba en microfilm, todos los mensajes entre bandos comunistas que se pillaba en los allanamientos", cuenta la propia Rivas ante la cámara de Lissette, que juntó toda su investigación en el documental "El pacto de Adriana".
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Y siguió traduciendo hasta que salió un memo interno que llamaba a mujeres a inscribirse para hacer un curso de agente de inteligencia.
"Yo había leído un montón de libros de Leon Uris que trata mucho de agentes árabes y dije, por qué no".
Nadie de su familia imaginaba entonces que la extrovertida y sonriente "Chany" se convertiría en una agente de inteligencia acusada de ser una de las más crueles y despiadadas dentro de un grupo de Elite de la Dina.
La "Brigada Lautaro" fue la encargada del desmantelamiento y desaparición de la cúpula del Partido Comunista, según consta en la investigación judicial.
Pero Rivas insiste en que nunca golpeó o torturó. Asegura incluso que nunca estuvo con un detenido. Nunca.
"Cuando leí mi caso casi me caí de muerta porque nunca pensé que mis compañeros podían hacer las cosas que declararon", le dice a su sobrina en el documental.
Insiste en su inocencia desde el living de su casa en Australia, donde regresó fugada en 2011, violando su libertad condicional.
La Justicia en Chile emitió una orden de extradición en su contra, pero Australia no la ha concedido por, según le cuenta a BBC Mundo su sobrina, el "intachable" comportamiento de Rivas como ciudadana australiana. Y la exagente no tiene ninguna intención de volver a Chile a defender su inocencia en tribunales.

"La DINA, los mejores años de mi vida"

La versión de Rivas sobre sus años en la DINA tiene más glamour y menos sangre. Según la mujer, ella trabajaba en misiones de seguridad menores, pero que le dieron la oportunidad de codearse con "la creme de la creme" de la alta sociedad chilena mientras estuvo en la DINA.
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"Como yo, gracias a Dios, era bonita, tenía un buen cuerpo, un buen trato, buena modulación, entonces yo tenía clase. Sabía tratar, sabía comer, podía ir a cualquier parte e iba a pasar por uno de ellos", cuenta en el documental respecto de las decenas de comidas y eventos a los que le tocó asistir.
"¿Por qué te digo que son los mejores días de mi vida? Porque esa parte estaba vetada para nosotros. Esa parte de la vida de los ricos estaba vetada para mí. ¿Tú crees que yo habría podido si hubiese sido secretaria ejecutiva, haber ido a almorzar al Palacio Cousiño? Pero yo la viví, yo estuve ahí", continúa relatándole a su sobrina.
En la DINA también recibió entrenamientos que distaban bastante de su rol de secretaria: tiro al blanco, defensa personal, maquillaje e incluso actuación.
Rivas trabajó en la DINA de 1973 a 1976 cuando salió el mismo día que uno de sus jefes preferidos: el general Contreras, según le cuenta su sobrina a BBC Mundo.
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Pero no todos están de acuerdo en que estas eran las únicas labores que realizaba, mientras otros eran los que se "ensuciaban las manos".
"Hay una política de la DINA de no dejar a nadie afuera. No te podías quedar mirando, eso genera desconfianza en los otros", asegura el periodista Javier Rebolledo, autor de "La danza de los cuervos", investigación periodística que destapó el caso de la Brigada Lautaro.
"Lo que hace que sean guardias pretorianos y que sean tan unidos no es que simplemente digan yo soy súper fiel a ti. Tenían que demostrarlo", explica.
"El pacto de silencio viene de ahí, no sólo de resguardarse criminalmente, sino que como lo que hicieron es tan horrendo, tan horrendo, que es inconfesable. Es demasiado terrible confesarlo, porque lo invalida como ser humano", continúa Rebolledo.

Dos viajes, un documental

Desde aquel día en el aeropuerto cuando Lissette descubrió que su tía Chany no era quien ella creía, comenzó a recopilar información y registrar en video el viaje de su tía en primera persona.
No sabía que años después las imágenes se convertirían en un documental que ella misma dirigiría y estrenaría en uno de los principales festivales de cine.
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"El pacto de Adriana" acaba de ser estrenado esta semana en el Festival de Cine de Berlín y está siendo exhibida en la categoría "Panorama", con una muy buena recepción del público.
"Ha sido bastante emocionante", le dice a BBC Mundo Lissette Orozco, desde Berlín.
El documental muestra en realidad dos viajes. El de Rivas por la justicia, desde el tiempo en que no se conocían detalles sobre su participación, hasta 2014 cuando ya el testimonio de un testigo clave de la investigación la identificó como una de las principales agentes y torturadoras de la brigada Lautaro.
Entrevistado también por Lisette, Jorgelino Vergara, el "mocito", quien trabajaba como mozo en el cuartel Simón Bolívar, donde operaba la Brigada Lautaro, cuenta detalles de los comportamientos de su tía, a quien en una oportunidad tuvieron que quitarle un detenido porque casi lo mata a golpes.
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"No la vi matar gente, pero torturó al extremo de que quedó moribunda. Después llegó la teniente Calderón y le puso el tiro de gracia, una inyección de cianuro a la vena", dice Vergara.
Su testimonio es imprescindible: ninguno de los detenidos que pasó por Simón Bolívar quedó vivo para denunciarlo.
El segundo viaje es el de la propia Lissette por sus descubrimientos. Desde creerle ciegamente a su "tía regalona", por la que pondría las manos al fuego y por la que comienza a hacer un documental para contar "su verdad" hasta un final abierto, que muestra a todos los actores y principales protagonistas de la historia de su tía.
Muchos más, según retrata el documental, se inclinan por la visión de la agente de inteligencia y brutal torturadora. Pocos -prácticamente sólo la propia Rivas- por la de la secretaria bonita que hacía trabajos básicos como vigilar en fiestas y revisar domicilios.
"Yo creo que lo central de la película es que es un viaje de la memoria. La memoria que mi tía quiere eliminar y armarse otra; la que yo lucho por rescatar, la de mi bisabuela que no puede evitar olvidar", le dice Lissette a BBC Mundo.

domingo, 5 de febrero de 2017

el autor hace referencia a la reelección de Paz Estenssoro en 1995 lo que dio lugar a un "golpe de Estado" el propio VPE y el MNR reconocieron el error, que hoy Evo está repitiendo y que puede dar lugar a semejantes fallas que la Historia no podría perdonar.

Como incluso en el oficialismo ya es lícito comparar a Evo con René Barrientos o Jaime Paz (no precisamente las cotas más altas de la historia patria), encajaría bien extender esas analogías.
 
Por ejemplo, no sólo a cómo otros se reeligieron o habilitaron, sino también a los modos de fracasar en el intento.

Nadie se ocupa en el Gobierno de los riesgos de perdurar en el poder cuanto sea posible. Al contrario, los fieles defienden a cuchillo la sed de mando eterno. Pero la apuesta por la repetida reelección no considera el precio a pagar. Como si un paso así, contra natura en nuestra historia, se impusiera sin costos.

Al idealizar la reelección, en el oficialismo predomina un infantilismo parejo a ese infantilismo opositor renacido, si bien minoritario aún. Para éste, enfrentar mejor al MAS depende de cuán fieramente se frunce el ceño, refugiándose en el talante que llevó al referendo revocatorio o   a la debacle de 2008. Mientras, el infantilismo masista se abstrae de cuánta energía, cuánta legitimidad invertirá en forzar la candidatura de Evo. Inclusive contra las dudas de su antiguo electorado, que aprueba su gestión en porcentajes cercanos a los que desaprueban la reelección.

Ese infantilismo impide, además, que las derivaciones de esa decisión se discutan abiertamente, porque los escépticos serían acusados de traidores. En el MAS se exige ver sólo virtudes a la reelección; sus desventajas deben callarse, airearlas implica perder el favor del poder. Es el escenario ideal de una medida peligrosa, pensada a falta de otro candidato, más para eludir la disputa interna y para agradar al Presidente.

El capital político que el MAS tira a la canaleta por la reelección incluye su ruptura con las clases medias urbanas. Cierto que éstas andan encerradas en sí mismas. Y son incapaces -por ahora- de enlazar su descontento antidespótico con las creencias igualitarias, morales y aspiracionales de los votantes del MAS, para desarmar la coalición social de ese partido. Pero eso no es definitivo: la importancia de los estratos medios nunca ha sido trivial. Para empezar, son forjadores de opinión. Afianza el autoengaño del MAS creer que esa voz cada vez más inflamada será aplacada por el Estado o por un aparato mediático dócil, sin intelectuales autónomos, convencidos del programa reeleccionista.

Una pregunta básica que el Gobierno debería contestarse es en qué condiciones dejará el poder.
 
Porque el voluntarismo suena bien a la hinchada, pero esperar que Evo vaya a cumplir en Bolivia el principio fidelista del régimen vitalicio es ignorar las lecciones de la historia nacional y los síntomas de cansancio que se perciben.

De hecho, no pasa inadvertido que el MAS concediera a la opinión pública la exclusión, de su primera línea visible, de una figura poderosa y detestada como JRQ. Es como si se admitiera que los efectos simbólicos del evismo son ya insuficientes para lavar toda mala apariencia oficial.

Basta imaginar el actual periodo constitucional sin la interferencia que la reelección introduce en el sistema político, para notar los traspiés que el MAS se hubiera ahorrado, comenzando por el autogol del referendo del 21 de febrero de 2016.

En términos políticos, es probable que Evo se habilite para candidatear, pero no lo hará sin mella. Su resistida reelección concederá un carácter plebiscitario a las elecciones de 2019. Si Evo tuviera gasolina suficiente para ganarlas, habrá no obstante consumido parte de su legitimidad en esa faena.

Y no se divisan nuevas fuentes de revitalización de la hegemonía masista, cuando hasta el Presidente atina únicamente a hablar, con autobombo, de cifras o de su pasado, porque los logros del presente son enjutos. Por ejemplo, transitar de la bandera de reparación a los indígenas, al bombardeo de nubes para que llueva, indica la anemia argumental en que el relato oficial se debate. 

Que nadie en el MAS se detenga a evaluar esto en público es otra expresión de que voluntarismo y obediencia han tomado el lugar de la cabeza. Justo como cuando se está por fracasar.

Gonzalo Mendieta Romero es abogado.

sábado, 28 de enero de 2017

Lupe Cajías puntualiza ciertos hechos históricos que el MAS pretende desconocer o distorsionar y que tienen que ver con la auténtica Historia de Bolivia y lo obrado por VPE antes de los últimos 11 años masis


Once años después

En abril de 1963, Víctor Paz Estenssoro –ya decadente– conmemoraba las medidas que 11 años antes habían cambiado las relaciones del Estado con la sociedad boliviana. Aunque la más mediatizada había sido la nacionalización de las minas –después de la del petróleo en los años 30 y de similar audacia mexicana–, era la Reforma Agraria la más revolucionaria.

Era tal el impacto en el continente que muchos estudiosos llegaron a Bolivia para proponerla en países como Colombia o Guatemala. Las Naciones Unidas comprendieron que era un ejemplo mundial y fue parte de su agenda, tanto que diferentes bolivianos participaron en esos debates. Cuando llegaron los militares no pudieron revertir la entrega de tierras que firmó el MNR.

En los años 90, Bolivia impulsó otra larga ola para reencauzar esa medida de tantas consecuencias sociales y económicas. Entre ellas estuvo la ampliación de los parques nacionales (áreas protegidas) iniciados en 1939 y la creación de las Tierras Comunitarias de Origen. Recién en 2011 un gobierno se atrevió a dividirlos con carreteras y a liberarlos para la exploración petrolera a cargo de empresas foráneas (venezolanas).

Paz también recordó otras leyes que subvirtieron el orden republicano, el voto universal que permitió desde 1956 la participación política de analfabetos, mujeres, de personas sin renta. Aunque ya desde la Constituyente de 1938 hubo presencia obrera, en los nuevos parlamentos también participaron campesinos. Paz sabía que ningún futuro gobierno anularía la conquista, con o sin él.

El derecho de ser elegido fue empoderado en Bolivia con la Ley de Participación Popular. Esa medida sufrió varios embates, pero ningún partido pudo derogar el proceso de municipalización de Bolivia, la entrega de la coparticipación tributaria y la participación de las bases. Cuando cumplió 11 años, países de América (toda Centroamérica) y de África habían imitado a los bolivianos. Igualmente, el sistema mundial reforzó la experiencia boliviana de poder local y descentralización.

En 1963, Bolivia había logrado una presencia única en el proceso de descolonización en Asia y África. Por eso Argelia creó una plaza con su nombre y Etiopía/Eritrea se beneficiaron con esa gestión. Hay textos de (verdaderos) diplomáticos bolivianos que relatan esa labor.

Y en cultura…. el MNR había facilitado la multiplicación de las radios sindicales, a pesar de que tanto lo atacaban. Creó el Instituto Cinematográfico, que produjo lo mejor del cine boliviano (sin censuras ni loas), promovió el muralismo en los edificios públicos y museos de arte, ajenos a la vida de sus jefes.

miércoles, 11 de enero de 2017

Bernard Gutiérrez en su propuesta de divulgación de asuntos que interesan a la Comunidad de Cochabamba difunde este testimonio en honor a la verdad de lo ocurrido el 11 de nero del 2007 en la ciudad de Cochabamba. ver inclusive el video y conocer la verdad, o parte de la misma de una testigo que ha sido amenazada por divulgar la violencia masista de los seguidores de Evo Morales.


11 de enero

Benedetti dijo que el olvido es una forma velada de burlarse de la historia. Alguien también dice que el olvido es una terapia contra la crueldad del pasado, pero nuestro pasado, el del 11 de enero de 2007, está aún presente, plagado de verbos con efectos que no han cesado; un pretérito imperfecto en el más puro sentido. Esas cosas que ocurren de un momento a otro, que se convierten en hitos y estos en certezas, para el caso, en una certeza de que las cosas no volverían a ser iguales.

Si me preguntan, yo diría que el olvido es un recurso del alma para no intoxicarse con el veneno de los malos recuerdos, lo que no puede ocurrir es que el olvido se convierta en complicidad y, lo que es peor, que el silencio aliente la impunidad.

Cochabamba, corazón de Bolivia, fue víctima de un brutal atentado perpetrado por el Régimen de Evo Morales, el 11 de enero de 2007, apenas un año después de su arribo al poder, movilizando a miles de productores de hoja de coca excedentaria de quienes se ha valido para llegar, primero al Parlamento y luego a la Presidencia. La estrategia consistía en eliminar a la oposición política del País y la táctica estaba orientada en primera instancia a derrocar a la máxima autoridad del departamento, el Prefecto electo por voto popular, Manfred Reyes Villa. Tomaron la ciudad, se apostaron en ella, incendiaron el edificio principal de la Prefectura, para luego enfrentarse de manera violenta con una población urbana que reaccionó contra el abuso y la manipulación gubernamental. La crónica de ese tiempo habla de 450 heridos, la ruptura del orden democrático y un mártir asesinado de la forma más violenta e inhumana: Christian Urresti Ferrel.

Años después, el delito no se ha investigado y los responsables están quedando en la impunidad. No es extraño que así sea, el sistema de administración de justicia está sometido al poder político, como están los otros órganos del Estado. Esa impunidad habla de una realidad que se esconde detrás de medidas populistas que esconden el verdadero temperamento autocrático de quienes dicen, llegaron al poder para quedarse -a cualquier precio- habría que agregar. A los hechos de Cochabamba le sucedieron el derrocamiento del Prefecto de Pando con la matanza de Porvenir y el montaje del caso Terrorismo en Santa Cruz de la Sierra, cuya responsabilidad no puede sino atribuirse a una lógica perversa que tiene mucho que ver con la receta de dominio importada de Caracas y la Habana.

El domingo pasado fue publicada una entrevista a la madre de Christian Urresti, una mujer admirable que ha encontrando en su fe la brújula para navegar por el mar del dolor y en el trabajo social que realiza, el argumento para demostrarle al mundo que en el corazón de una madre puede encontrarse la única y verdadera razón por la cual los seres humanos aún no nos hemos aniquilado unos a otros al punto de exterminarnos y, por lo tanto, es posible continuar creyendo en nuestra especie; que hay esperanza para el mundo, una esperanza similar a la que Dios debe tener en nosotros, por gente como ella.

La señora Urresti, ha hecho de Cochabamba, su Plaza de Mayo. No se viste de blanco ni pasea con carteles todos los días, lo de ella es alimentar a los niños de la calle, como si en cada pieza de pan que reparte, entregara un pedazo de ese corazón de madre infinito, como si cada sonrisa de un niño que alimenta, le devolviera la sonrisa del hijo que ha perdido. Es un mensaje silencioso, de amor y perdón, ese perdón que no se expresa con palabras y que se hace carne y cobra vida con acciones.

A nuestro pueblo le corresponde el no olvidar, no para ir por venganza, sí por justicia, pero además y fundamentalmente, porque tenemos la obligación de mantener ese hecho en nuestra memoria colectiva para evitar que nuestros hijos vuelvan a vivir la amenaza de otro 11 de enero; para preservar la vida. No encuentro otra manera de honrar la memoria de Christian Urresti.
Un par de archivos como referencia:

viernes, 6 de enero de 2017

"los ponchos rojos" bien pueden ser "los de la Mazorca" del colectivo argentino inmortalizada por Mármol y que W.Estremadoiro menciona hoy de pasada y que nosotros habíamos anota hace mucho.

Previus: Cuando Estremadoiro se refiere de pasada a "la Mazorca" en su versión de "los movimientos sociales" de Evo y el MAS, nos recuerda lo que escribiera hace tiempo Marcelo Ostria con todo acierto ya en 2012, o nuestras variadas referencias a La Mazorca del tirano Rosas en Argentina comparándolos con los Ponchos Rojos, dados a la vorágine y la violencia, que sin embargo fueron derrotados en La Calancha por aguerridos jóvenes chuquisaqueños que les hicieron poner pies en polvorosa y huir del escenario sucrense del cual los Ponchos...creyeron haberse adueñado, episodio que bien recuerda Eurodoro Galindo Jr., en su histórico "el legado maldito", por ello y para continuar nuestras referencias y comparaciones, empezamos por reproducir este jugoso texto:

En 1835, el general argentino Juan Manuel de Rosas fue investido con la suma del poder político que le fuera otorgado por la legislatura. Esto incluía la facultad irrestricta de ejercer los tres poderes del Estado –según se dijo– para “conservar, defender y proteger la religión católica” y para “sostener la causa nacional de la federación”. Lo curioso es que ese poder fue ratificado en comicios populares, con 9.713 votos a favor y siete en contra, consolidando en el mando de la nación al que iba a ser uno de los tiranos más temidos en Hispanoamérica, hasta su caída en, 1852.
La suma del poder político, que se concentra en una persona, aún está vigente. Con frecuencia esto se esconde tras circunstanciales mayorías y con leyes que consagran esta anomalía de la democracia. Desde Rosas en Argentina y Melgarejo en Bolivia, los tiempos han cambiado, pero no los métodos. Se sigue justificando la suma del poder–hay que repetirlo– por un supuesto consenso ciudadano que acepta el sometimiento del pueblo a la voluntad caprichosa del caudillo. Y así, nace otra figura execrable: la del culto a la personalidad, la del ‘jefe’, atribuyéndole todas las virtudes y justificando todos sus yerros.
Pero muchos somos impenitentes optimistas y audaces en el empeño de que vuelva la sensatez. Creemos que, pasadas las fiestas de fin de año, que siempre despiertan esperanzas, llega el tiempo propicio para la reflexión y para actuar con realismo. Los buenos deseos que compartimos requieren, para que se cumplan, de condiciones favorables y de un propósito de enmienda.
Que se produzca esa rectificación depende de la conducta que sigan en adelante los que ahora tienen en sus manos ese amplio poder de decisión, es decir, una renovada suma del poder político a través de una sólida mayoría oficial en el Parlamento, de la paulatina captura de las gobernaciones, del predominio abrumador en los organismos de control público, de la subordinación total de los organismos armados y, finalmente, de una peculiar administración de justicia recién conformada. Estos son los elementos de esa suma del poder.
Habrá que tomar conciencia de lo errada que es la justificación de que el mando político irrestricto es indispensable para transformar las estructuras del Estado; que, sin el poder omnímodo, correría riesgos el manido ‘proceso de cambio’ para llevar adelante una curiosa revolución llamada cultural; que la torpeza y arbitrariedad son parte de un plan de ‘descolonización’ que, en realidad, solo nos está aislando de la sociedad internacional que –quiérase o no– está globalizada; que todo esto nos está llevando a tomar partido en favor de dictaduras teocráticas, como la de los ayatolás iraníes, y de las otras que están urdiendo eternizarse en el poder, y que ya han conseguido, como Hugo Chávez, esa ominosa suma del poder que se empeña en reditar.
No son muchas las medidas para devolver la sensatez y la confianza: el abandono de la soberbia que se manifiesta en la imposición y dejar la creencia de que quienes señalan errores y proponen caminos políticos distintos son enemigos del pueblo. Es más: hay que aceptar que el poder eterno es una quimera y que “la alternancia fecunda el suelo de la democracia”, ya que esta –la democracia– “es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, excepto todos los demás” (Winston L. S. Churchill).
Si se comprendiera parte de lo que se requiere para asegurar a libertad, no habría más ‘iluminados’ y el futuro sería prometedor.
Pero, ¿no será todo esto pedir peras al olmo?

* Abogado y diplomático

domingo, 1 de enero de 2017

con la precisión de un cirujano, el historiador Carlos Mesa dibuja el perfil resumido de los 10 gobiernos más largos desde Santa Cruz a Morales, aunque de éste último dice "correr mucha agua" antes del juicio definitivo. Ilustrativo.

Evo Morales encabezó lo que él mismo denomina como “Proceso de Cambio”, cuyos rasgos relevantes son la Constitución de 2009, el empoderamiento indígena y una bonanza económica sin precedentes. Queda aún mucha agua por correr para hacer un juicio definitivo sobre su gestión
El 24 de diciembre de 2016 el presidente Evo Morales ha superado en permanencia en el Gobierno a Hugo Banzer, quien en dos Gobiernos sumó un total de 10 años, 11 meses y un día en el mando. Morales es ya el segundo gobernante con más tiempo en el poder después de Víctor Paz quien, en cuatro periodos presidenciales, gobernó 12 años y seis meses, y es el primero con más tiempo continuo en el poder.
Veamos de manera somera la significación de los 10 hombres que han gobernado más tiempo a Bolivia. Andrés Santa Cruz que gobernó nueve años y 10 meses (1829-1831/1831-1835/1835-1839), fue –sin duda-- el organizador de los fundamentos de la República después de la aguda crisis económica que enfrentó Sucre como producto de la Guerra de Independencia. Consolidó Tarija para Bolivia al crear el Departamento de ese nombre y derrotar definitivamente a la Argentina en la guerra de 1838 que garantizó la permanencia tarijeña en nuestra heredad. Fue quien concibió la idea de una gran República Panandina a través de la Confederación Perú-Boliviana, que tras tres años de vida fue desbaratada por la estrategia chilena de Portales. Fue, en suma, uno de los proyectos nacionales más significativos de nuestro pasado.
José Ballivián, quien presidió el país por seis años y tres meses (1841-1847), dio el giro definitivo al destino nacional al consolidar con el triunfo de Ingavi la idea de Bolivia como una nación separada de Lima y de Buenos Aires. Continuó con éxito el proyecto crucista de la organización del Estado y sus instituciones. La creación del Departamento del Beni fue el primer gran esfuerzo desde el centro del poder por integrar el noreste de nuestro territorio.
Manuel Isidoro Belzu que rigió los destinos de Bolivia por seis años y ocho meses (1848-1855), condujo el primer Gobierno que apoyó su fuerza en los sectores populares urbanos, los gremios, los artesanos y los más desposeídos con un discurso con algo del socialismo utópico. A pesar de su acción liberal con relación a las concesiones de la explotación de la quina, fue asumido como el pionero de las ideas nacionalistas.
Mariano Melgarejo, presidente por seis años (1865-1871), es un arquetipo del dictador atrabiliario anclado en el caudillismo más ramplón. Los tres rasgos que lo estigmatizan son los tratados internacionales con el Brasil y con Chile, que cercenaron por la vía diplomática significativas partes de nuestro territorio y el inicio de la política de expoliación de las tierras de indígenas de comunidad.
 José Manuel Pando, primer mandatario durante cinco años y cinco meses (1899/1899-1904), es una de las figuras señeras del liberalismo, etapa crucial de la historia del país. Conductor de los “federales” paceños en la Guerra Civil, representa la paradoja del estratega y el político brillante en contrasta con su decisión de romper el pacto con Zárate Villca tras el gran levantamiento indígena. Pando, ideólogo liberal, explorador del norte, fue combatiente en primera fila en la Guerra del Acre siendo ya Presidente del país.
Ismael Montes que gobernó nueve años (1904-1909/1913-1917), fue reputado como el liberal por excelencia. Pragmático y amigo de la modernidad, condujo el país a reformas fundamentales como la educativa, la financiera y la militar, pero lleva en su espalda el imperdonable baldón de la firma del Tratado de 1904.
Víctor Paz Estenssoro, primer mandatario durante 12 años y medio (1952-1956/1960-1964/1964/1985-1989), es la figura principal del siglo XX, condujo el país en tres momentos distintos, el de la Revolución Nacional de 1952 hito imprescindible del siglo pasado que cambió el país para siempre, condujo luego la institucionalización y “moderación” del proceso al despuntar los años 60 e, irónicamente, llevó a cabo el salvataje de una nación quebrada económicamente, que abrió las puertas al renacimiento del liberalismo económico tras la derrota de la hiperinflación.
Hernán Siles Zuazo, su sucesor, que encabezó el país durante seis años y nueve meses (1956-1960/1982-1985), es con Paz Estenssoro. como el espejo de la dupla Pando-Montes. Le tocó reordenar la economía tras los cambios de 1952 y fue el gran artífice de la recuperación de los valores democráticos el 10 de octubre de 1982, lamentablemente a costa de un colapso económico sin precedentes.
Hugo Banzer, gobernante por 10 años y 11 meses (1971-1978/1997-2001), representó la férrea dictadura que resolvió en sangre la polarización del país y la articulación del proceso democrático. Su segundo Gobierno se ahogó en una aguda crisis económica con la que comenzó la crisis política de octubre.
Evo Morales que gobierna ya por 10 años y 11 meses, encabezó lo que él mismo denomina como “Proceso de Cambio”, cuyos rasgos relevantes son la Constitución de 2009, el empoderamiento indígena y una bonanza económica sin precedentes. Queda aún mucho agua por correr para hacer un juicio definitivo sobre su gestión.

El autor fue Presidente de la República.
http://carlosdmesa.com/ 
Twitter: @carlosdmesag

viernes, 30 de diciembre de 2016

entretenida e ilustrativa diría la narración de Kempff Suárez sobre la extensa tarea diplomática que cumplió representando a Bolivia en Espana, Paraguay, Uruguay, Argentina, México. su hoja de servicios es brillante porque siendo hombre culto, sobrio, de buenas costumbre nos representó sin manchas ni escandaletes. su rememoración es casi apasionada, merece repasarse.


Recuerdos de la diplomacia



Manfredo Kempff Suárez

Estoy en la disyuntiva de escribir unos recuerdos diplomáticos o una novela sobre los años que pasé por el Servicio Exterior. Mi preferencia me lleva más hacia la literatura, pero siempre queda la tentación de ser más riguroso, más trabajador, e irse por la parte histórica, acumulando recuerdos y registrándolos. Es una tarea pesada pero vale la pena intentarlo. Hoy no voy a novelar y más bien recordar brevemente a los presidentes y jefes de Estado que conocí a lo largo de mi carrera diplomática. Se trató de personajes históricos, unos más importantes que otros, que creo interesan.

Todo comenzó cuando a mis 23 años partí a España como segundo secretario, en 1968, épocas de Franco. Por mi rango, no tuve muchas oportunidades de verlo, salvo en dos ocasiones en que estreché la mano a ese anciano de apretón fuerte y mirada de águila. La primera, cuando presentó credenciales el embajador Osvaldo Monasterio y la segunda cuando lo hizo el general Alfredo Ovando. Franco recibía credenciales en el Palacio de Oriente, en la misma sala en que hoy las recibe el rey. En una oportunidad estuve a pocos metros de él durante una parada militar en el Paseo de la Castellana, cuando los aplausos los ganaba la Legión Española que Franco había comandado.

En 1972 fui primer secretario en Paraguay, cuando el poder de Stroessner estaba en su cénit. A Stroessner lo vi más que a Franco, porque no vivía tan custodiado como el Caudillo. Lo saludé en las presentaciones de credenciales del Cnl. Andrés Selich, de Herberto Castedo y de Gustavo Melgar, en el Palacio de López. Luego lo vi de muy cerca en el Panteón de los Héroes, donde Stroessner echaba palizas verbales a brasileños, argentinos y uruguayos, recordando las hazañas del Mariscal muerto en Cerro Corá. Estuve junto a él cuando el presidente Banzer hizo una visita oficial a Paraguay y cuando el canciller boliviano Mario R. Gutiérrez ofreció una recepción en el Hotel Guaraní, donde, como algo excepcional, asistió Stroessner, y cuando sucedieron tristes hechos históricos que no son tema de esta nota.
En 1978, estando como Ministro Consejero en México, gobernaba el Lic. López Portillo, a quien apenas saludé para el grito de la independencia en El Zócalo. Mi jefe era el embajador Waldo Cerruto y cuando cesó a raíz de la caída de Banzer, me quedé como Encargado de Negocios, pero por entonces las relaciones con México eran frías y no pasaban de vacuos discursos de hermanamiento a través de la historia, del mestizaje común, y poco más.

En 1980, a mis escasos 35 años, fui designado embajador de un gobierno de facto en una España que estrenaba Constitución. Presenté credenciales al joven rey Juan Carlos I en el Palacio de Oriente, donde por cosas del protocolo fui trasladado, como todos los embajadores, en carroza y con la Guardia Real a caballo, por pleno Madrid de los Austrias. Además del rey, que siempre fue una persona muy cordial y con quien conversé en algunas ocasiones, saludé en una oportunidad a Adolfo Suárez que por esos meses dejaba su cargo de presidente, y un par de veces a Calvo Sotelo, su sucesor.

A fines de 1990 mi destino fue Uruguay y allí forje una buena amistad con el presidente Luis Alberto Lacalle, hombre carismático y abierto. Nos encontrábamos con frecuencia en reuniones oficiales y privadas con nuestras respectivas esposas, lo que repetimos en encuentros en Madrid y Buenos Aires, posteriormente. Lo acompañé durante su visita oficial al presidente Paz Zamora a Bolivia y juntos pasamos un buen susto cuando en el viaje de retorno, a bordo del 001 de la Presidencia de Bolivia – creo que era el Lear Jet -, tuvimos un problema eléctrico en el vuelo Asunción-Montevideo y debimos retornar a la capital paraguaya. El detalle fue que la tripulación no avisó del inconveniente y en el aeropuerto de Montevideo hubo preocupación porque el avión con Lacalle a bordo no llegaba. Esas eran las naves que utilizaban los mandatarios bolivianos antes de que empezara la fiesta del gas.

En 1997 como embajador en Argentina conocí a Carlos Menem con quien tuve una buena relación aunque no tan intensa como hubiera deseado. Era hombre amable y ameno en su charla, pero no muy afecto a los diplomáticos. Tenía una gran popularidad entre el empresariado más encumbrado, aunque acabó su gestión desprestigiado. De la Rúa, a quien condecoré en la residencia de la embajada siendo Intendente de Buenos Aires, se encontró con una Argentina en un caos total y ya sabemos cuáles fueron las consecuencias.

Durante el breve gobierno de Tuto Quiroga, retorné nuevamente como embajador a Madrid, algo poco usual pero que suele suceder. Mi reencuentro con el rey Juan Carlos fue muy cordial porque meses antes, con mi esposa María Teresa, habíamos sido acompañantes del rey y la reina en emotivas visitas a La Paz, Potosí y Sucre, cuando aún gobernaba Banzer. José María Aznar era el presidente del Gobierno y lo conocí aunque no como para preciarme de haber tenido amistad con él. Transcurrida mi misión en Madrid volvimos a encontrarnos con la pareja real en Cartagena de Indias, cuando García Márquez cumplió sus 80, donde mantuvimos un contacto grato aunque limitado por razones obvias: los reyes eran muy requeridos.