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sábado, 15 de enero de 2011

medio en broma, medio en serio Manfredo Kempp comenta "la locura" de gastarse el dinero que no tenemos en un satélite de vida corta


Este es un gobierno de locos en una nación de locos. ¡En la buena estamos! Se fomentan las culturas ancestrales, se degüellan llamas como ofrenda a dioses paganos, se le da de beber chicha a la Pachamama hasta emborracharla, se conduce la economía mirando cómo caen las hojas de la coca, se consultan amautas y yatiris en asuntos internacionales, y al mismo tiempo el Estado Plurinacional quiere poner a la mendicante Bolivia en las galaxias, en la modernísima carrera espacial. Por un lado miramos al prehistórico paleolítico como futuro, y por otro vamos a la disputa por el cosmos por encima de otros países más ricos. ¿No estamos locos acaso? ¿No está plagado de orates el Palacio Quemado?

S.E. dice que somos “retrógrados y conservadores” quienes nos oponemos a un endeudamiento de 300 millones de dólares con el Tupac Katari, un satélite chino de comunicaciones, que debería estar construido en tres años, con una vida útil de 15. Se lo construiría con un crédito, también a 15 años, a bajo interés, pero sin licitación. Casi lo mismo como cuando se compró el estrambótico y lujoso avión Falcon, sin licitación también, en 39 millones de dólares (esto va a dar lugar a un juicio de penal vergonzoso). Entonces se dijo que ya era hora de recuperar la dignidad de los presidentes bolivianos. ¡Y dale con la dignidad! Excelencia: mientras sus antecesores viajaban arriesgando el pellejo como unos temerarios en un saltamontes obsoleto, usted, siempre en nombre del “pueblo boliviano”, viaja seguro en un jet de última generación. Tiene razón, así debe ser, aun cuando pudo ser un poco más moderado en tirar la plata.

Estamos entonces, en que un presidente que se disfraza de inca en Tiwanacu un día, con resonar de pututos y humaredas, lo que desea, en el fondo, es ser un cosmonauta. Evo Morales vestido de astronauta se convertiría en el delirio de la plebe. Manco Kapac del siglo XXI. ¿Saben lo que sería un astronauta en el Chapare, en medio de los cocales, pidiendo la extradición de Cossío? ¿O exigiéndole el mar a Chile? En suma, si el satélite chino, tan caro, sería tripulado, todo estaría perfecto. Sería una solución. Es cuestión de ponerle un asiento, una bacinica, y nada más. Sería necesario un piloto. ¿Quién?

S.E., que será el dueño del satélite, podría salir disparado desde la China hacia la estratósfera y mucho más allá, hasta el espacio silencioso, en el Tupac Katari, para que conozca de verdad el mundo. Para que se dé una idea de la conformación de los continentes y de los mares; de los glaciares, de otras montañas nevadas, otros desiertos, otros valles, otros ríos y otros lagos. ¿Se dan cuenta los bolivianos del beneficio que sería tener a S.E. en órbita durante 15 años que es lo que tiene de vida útil el satélite chino-boliviano? ¡Hasta la democracia boliviana se pondría a salvo! ¡Todo sería conveniente! Regresaría a tierra hecho otro hombre: experimentado, delgado, serio, sabio porque conocería el mundo al revés y al derecho, cercano a Dios, y convencido que, desde el cosmos, se ve a la Tierra como un lunar, al Chapare microscópico, y Orinoca inexistente.

Ése sería el único justificativo para que el Estado Plurinacional adquiera una deuda tan grande con el Tupc Katari: que lo tripule S.E. Además de algunos libros que le daría el Vice muy complacido (ojalá de literatura), S.E. tendría tiempo para meditar, que es lo que necesita a falta de estudios. Sin el estruendo de bandas, ni bailes con pinquillos, ni de sahumerios, ni de comilonas grasosas que engordan, ni de horribles roscas de flores estranguladoras que envanecen, ni la tentación de volar en el Falcon, S.E. ampliaría su criterio sobre su último descubrimiento notable: que “los paros y bloqueos afectaban el crecimiento económico”. Se daría cuenta, en mayor medida, de que “si queremos cambiar Bolivia tenemos que invertir”. Tendría una respuesta a su propia pregunta: “¿qué socio podría trabajar a pérdida?”. Y también de que “la subvención es un cáncer”. Tal vez comprendería entonces que los bonos a granel (Juanito, Juanita) no son una solución para la pobreza reinante y que no pasan de ser un mero paliativo.

Pese a la escasez de alimentos, al agio, al contrabando, a la carestía de todos los productos de la canasta familiar, a la inminente trepada de los precios del transporte, a una inflación que será muy difícil detener, a los bajos salarios y por tanto a una pobreza que no ha menguado, invertir dolorosamente esos 300 millones de dólares para que S.E. se ausente por 15 años, sería rentable para Bolivia. Como se dice corrientemente, “la sacaríamos barata”.

Entre tanto, el pasmo se ha apoderado de los bolivianos, cuando se pensaba que esa idea peregrina ya había sido descartada por absurda. Nuestro consuelo es que como S.E. ha dicho que va a “gobernar obedeciendo”, esta vez obedezca de verdad ante el reclamo que está haciendo la gente preocupada por la aplicación de proyectos tan alejados de nuestra menesterosa realidad.

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