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viernes, 31 de agosto de 2012

James Petras maestro de Chávez le dice "párala. posterga la elección aduce una catástrofe natural porque así como van las cosas...


James Petras, el astuto ex profesor de varias universidades norteamericanas, quizás ve muy difícil la reelección del presidente Hugo Chávez y le está aconsejando tomar un peligroso atajo inconstitucional.
El socio ideológico del militar socialista le pidió esta semana decretar un “estado de emergencia” y postergar o cancelar por este motivo las elecciones presidenciales del 7 de octubre.
El oficialismo no comentó la opinión del profesor marxista, autor de medio centenar de libros traducidos a 29 idiomas, quien se aferra a sus ideas como si todavía existiera el Muro de Berlín.
El “estado de emergencia” sería para que el gobierno atienda una cadena de calamidades que, excepto los fenómenos naturales, son resultado de una desastrosa gestión de 14 años.
Hace unos días Chávez organizó un acto de su campaña en el cinturón minero-industrial de Venezuela ante un auditorio celosamente escogido de adherentes y a 30 kilómetros de Ciudad Guayana.
El auditorio, pese a proclamarse chavista, le reclamó airadamente la desatención a sus demandas laborales. Hay sindicatos del hierro, aluminio y carbón con contratos colectivos de trabajo vencidos hace 3, 4 o 5 años.
Chávez no aguantó la afrenta e intempestivamente acabó la cadena nacional de TV. Culpó a una falla eléctrica, sin reparar que el auditorio estaba situado al lado de una represa.
El comandante, que manda condolencias ante cualquier tragedia en países aliados al suyo, se mantenía ese día en silencio (y hasta ahora lo está) sobre el motín carcelario en Yare que le costó la vida a 35 presos.
Todavía no le había pasado la bronca de lo ocurrido en Guayana, cuando se cayó el puente Cúpira dejando aislados oriente y occidente. Desde Caracas a Cumana se iba en 5 horas, ahora por vías alternas el viaje duraba hasta 15 horas.
Cuando la gobernación de varios estados fueron ganados por opositores, Chávez ordenó que carreteras, puertos y aeropuertos, escuelas y hospitales pasaran a control del gobierno central.
La caída de puentes y el desastroso estado de las carreteras es culpa directa de Chávez. A lo de Cúpira se sumó un temporal de varios días que desbordó ríos dejando a miles de damnificados en decenas de pueblos y ciudades.
La guinda de la torta ocurrió el pasado fin de semana cuando la refinería de Amuay, una de las más grandes del mundo, se incendió causando la muerte de casi medio centenar de personas, entre ellos 18 militares.
Aunque el gobierno lo niega, hay fundadas sospechas de que el siniestro tuvo su origen en la inexperiencia y la falta de mantenimiento de las instalaciones.
Los medios le recordaron a Chávez que el 2002 despidió groseramente a 23.000 trabajadores, en su mayoría técnicos formados en la industria a lo largo de varios años, que le reclamaban la eliminación de la meritocracia y la politización de PDVSA.
Ese desangre ocasionó que PDVSA, de 3.5 millones de barriles diarios, bajara a 2.5 milones de b/d su producción, pese a que Chávez infló la plantilla de 33.000 a 104.000 trabajadores.
Estos desastres que están viéndose a sólo seis semanas de los comicios seguramente son los que llevaron a Petras a darle a Chávez ese peligroso consejo de patear la mesa.

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