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jueves, 22 de octubre de 2015

cada año que pase en el poder irá perdiendo atracción, relfejos, habilidad. atenderá sus megaobras absurdas. en cambio de haber cumplido lo que prometió estaría próximo al reconocimiento. Raúl Peñaranda sobre los 10 años de Evo

Evo Morales ha celebrado como si fuera un triunfo en sí mismo tener la gestión presidencial más larga de la historia boliviana. Le ha ganado, nada menos, que al mariscal Andrés de Santa Cruz, en muchos sentidos el fundador de Bolivia.
Pero quedarse en el Gobierno no puede ser algo bueno per se, sino la forma cómo un líder es elegido y desempeña su cargo. En el caso de Evo, este tercer mandato es inconstitucional. Él mismo reconoció que, para lograrlo, le había “hecho trampa” a la oposición en el marco de los acuerdos por la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado.
Como sea, Evo está allí y se quedará por mucho tiempo más. Dentro de nueve años y medio estará celebrando en Tiwanaku haber logrado “duplicar” el período de Santa Cruz.
Es un deseo humano lograr trascendencia. Los políticos, pero no sólo ellos, buscan “pasar a la historia”. Evo ya ha logrado un sitial indiscutible. Primer Presidente indígena, nacionalizador del gas, impulsor del juicio en La Haya, líder del Gobierno más largo desde la creación de la república, etc.
Pero... ¿pasar a la historia de manera positiva depende del tiempo que una persona se mantiene en el poder? ¿Quedarse más tiempo le garantiza la veneración de las futuras generaciones que tanto le obsesiona al Presidente? Quizás no. Dilma Rousseff debe estar pensando hoy que hubiera sido mil veces mejor perder la reelección que haberla ganado y estar ahora en la lona. El mismo Gonzalo Sánchez de Lozada hubiera pasado bastante mejor a la historia sin su segundo malhadado mandato. Los ejemplos pueden ser cientos. ¿Mugabe será bien visto por estar en el Gobierno durante décadas y décadas al mando de Zimbabue?
Como señalo líneas arriba, no importa el tiempo en que un político está en el poder si no los logros que alcanza y cómo los alcanza.
José Mujica ya ha ingresado a la historia y lo ha hecho por las  razones contrarias a Evo: prefirió no comprar un avión para la Presidencia, siguió viviendo con la misma modestia de siempre, no acosó a sus opositores ni apaleó a los periodistas y no construyó un mamotreto de pésimo gusto en el centro de Montevideo para que sea la “Casa del Pueblo”. Tampoco pretendió eternizarse en el poder.
Mujica es un símbolo de la honradez. Su régimen aprobó el aborto, legalizó el consumo de la marihuana y autorizó los matrimonios del mismo sexo. Solo en cuatro años. No necesitó más para trascender.
Otro caso cercano es el de Juan Manuel Santos, en Colombia. Si logra la paz con las FARC en su país, habrá ingresado al panteón de la Política, así, con mayúscula, del mundo. Si consigue ese éxito habrá necesitado solo ocho años, no los 20 a los que aspira Evo.
Ya que hablamos de Mugabe, que gana elecciones cada cinco años, y está en el poder desde 1980, es dudoso que la historia lo trate con respeto. Fue un revolucionario que logró la gran hazaña de vencer al poder blanco de Rodesia y fundar Zimbabue. Pero luego la ambición de poder lo convirtió en un dictador desalmado. Su vecino de Sudáfrica y compañero de lucha Nelson Mandela hizo lo contrario de él: no se convirtió en un “dictador que gana elecciones” y, al terminar su primer mandato, y con una popularidad del 90 por ciento, prefirió retirarse. Ése es un verdadero líder democrático.
Pero volvamos a las Américas. Barack Obama también será recordado por la historia como un líder importante, más que sus tres antecesores: Bill Clinton y George Bush padre e hijo. La razón de ello es que ha tomado acciones importantes, que generarán impacto en futuras negociaciones: normalizó las relaciones con Irán, resolvió el tema de Cuba, creó un sistema de salud universal, retiró las tropas de Irak y Afganistán, y autorizó la permanencia en EEUU de 5 millones de migrantes sin papeles. ¿Tiempo total en el poder? Ocho años.
Finalmente, si cambiamos de etapa histórica y de continente, piense el lector en el caso de Winston Churchill. El primer ministro gobernó primero entre 1940 y 1945, casi exactamente el período de la Segunda Guerra Mundial. Churchill fue crucial para la protección de su país y la victoria sobre los nazis. Fue uno de los artífices de la democratización de la posguerra en el mundo. Volvió a gobernar entre 1951 y 1955. En nueve años de Gobierno pasó a la historia como un grande. Se enfrentó a Josef Stalin que, con 29 años de presidente, es recordado más bien como el gran asesino del Siglo XX.
Yo creo que Evo, por cada año adicional que estará en el poder desde ahora, irá perdiendo atractivo, reflejos y habilidad, y deberá concentrase cada vez más en las políticas de guerra sucia que impone su ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, y en la construcción de megaobras absurdas como museos sobre él en lugares en los que no hay población o aeropuertos internacionales en el medio de la nada. Si hubiera cumplido su palabra y se hubiera alejado del poder en enero de este año, como dijo que lo haría, estaría más cerca del reconocimiento futuro que tanto ansía.    
El autor es periodista.

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