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domingo, 22 de mayo de 2011

la libertad y la democracia todavía están en pie frente al derrumbe de valores y principios que están cediendo paso a las nuevas presiones por la existencia de hambre, descontento, injusticia e ilusiones truncadas. Carlos Mesa, magistral!

La propuesta ética de la sociedad democrática capitalista construida hace dos siglos y medio, se apoyaba en una serie de premisas cuyo fundamento era algo tan concreto y tan plausible como la búsqueda de la felicidad humana. Para lograr esa meta los pensadores liberales asumieron que la idea del bien común y de la promoción de valores morales, cuyo fundamento era el puritanismo cristiano, estaban intrínsecamente ligados a la concepción del progreso humano.
La distancia entre la teoría y la práctica fue la que siempre ha marcado cualquier proyecto humano desde el principio de los tiempos, la misma que acompañará a nuestra especie hasta el día de su extinción definitiva. Pero a pesar de que la realidad siempre fue cruda en la relación injusta entre los seres humanos, el modelo propuesto de liberalismo político y liberalismo económico permitió consolidar el liderazgo de Occidente, no sólo a partir de su éxito objetivo, sino en tanto se pudo construir dos versiones de ese modelo que a fines del siglo XX parecían plenamente consolidados, el bullente capitalismo estadounidense y el Estado de bienestar europeo, ambos basados en la importancia –con sus variantes-- del mercado como elemento determinante, y la democracia y las libertades como su fundamento ético superior.
En el camino quedaron las otras grandes visiones históricas, parte de ellas nacidas del mismo Occidente. Pero la ecuación no ha cerrado como se pretendía cuando se pensó que la historia había pasado de la búsqueda al momento esplendoroso de la difusión y aplicación de la receta conseguida.
El siglo XXI cruzó al vigoroso emblema occidental en varios frentes y lo dejó desnudo ante sus propias dudas y ante la evidencia de las aguas que entran en su nave. El modelo de desarrollo depredó de tal modo el planeta que nos ha colocado ante la pregunta esencial ¿Está comenzando a morir la Tierra como hábitat de la humanidad? La respuesta inicial es que sí, que la agonía ha comenzado y que el tiempo corre en nuestra contra. Las respuestas son, por ahora, insuficientes. El Titanic no puede mover el timón 180 grados a la velocidad que se requiere, y aún no está claro cómo se mueve ese timón para cambiar de paradigma de desarrollo.
La codicia, la avaricia, la mezquindad y la indecencia de los poderosos, cuya expresión más representativa es el sistema financiero, se ha revelado en toda su crudeza. Mientras sociedades enteras se hunden o enfrentan crisis que las retrotraen a los momentos de la Segunda Guerra Mundial, los Estados corren a socorrer a quienes jugaron a la ruleta y perdieron con el dinero de los ciudadanos. La trampa es perfecta, la sobrevivencia de las economías estatales depende de ese salvataje. Salvo excepciones, los autores de ese juego macabro, gozan de la buena salud que da la riqueza frecuentemente mal habida
Las grandes potencias padecen enfermedades que habían estado reservadas a países pobres o de mediano desarrollo. Déficits fiscales que son verdaderos agujeros negros, índices de desempleo que asustan, problemas de eficiencia y competitividad, sistemas de partidos políticos en creciente descrédito, sistemas de seguridad social y jubilación que amenazan con desplomarse y problemas de cambio climático que plantean costes astronómicos. Los valores esenciales de la democracia y la libertad que aún siguen incólumes, se ven acorralados por este empantanamiento de quienes dijeron tener la fórmula para encontrar la felicidad.
El mundo vive hoy entre el anonadamiento y la desorientación de quienes se constituyeron en los superpoderes de la segunda mitad del siglo XX, y la fuerza de huracán de potencias emergentes que ensayan experiencias tan diversas cuanto inciertas.
Nadie puede dudar de que a mediados del siglo XXI, las cabezas del mundo serán otras. ¿Pero cuál es el modelo de las nuevas potencias? No está claro. No hay coincidencia plena en qué se entiende por búsqueda de la felicidad, no hay una aplicación común de mecanismos que garanticen libertad y democracia, no hay propuestas que rompan el esquema del progreso usado hasta hoy. Peor que eso, alguna de las potencias mundiales emergentes de este tiempo, ejerce de un modo descarnado prácticas depredadoras del medio ambiente, violación sistemática de los derechos humanos, cero democracia y muy poco respeto por los derechos sociales básicos de sus ciudadanos. Aquellas otras potencias en las que los valores democráticos crecen, por su parte, viven realidades de desigualdad francamente indignas.
El escenario se cierra con la constatación de que todos vivimos en una olla de presión en la que la extrema pobreza, la desesperanza y la falta de horizontes, incrementan la violencia, el crimen organizado y graves presiones migratorias que enrarecen las relaciones entre los Estados.
¿Es el Apocalipsis? No, es la complejidad de un planeta con 7.000 millones de mujeres y hombres que demandan una vida justa. Sabemos todo lo que hemos avanzado y nos maravillamos por ello, pero hoy estamos en un momento en que las nuevas preguntas han dejado en el pasado la mayoría de nuestras respuestas.
Como dice el tópico. Nos toca vivir tiempos interesantes. ¿Es una maldición? No, simplemente, es lo que hay.

El autor fue Presidente de la República

miércoles, 18 de mayo de 2011

arranca lágrimas de dolor contemplar a nuestros ancianos arrastrando la vida por el asfalto caliente, abrasados por el sol para reclamar una mejora en su pensión. La Prensa, LP. Bolivia

¿Quién puede vivir con 697 bolivianos? Se preguntan, desesperados, al borde de las lágrimas, millares de ciudadanos de la tercera edad, aquellos que por el simple transcurso de tiempo han perdido la capacidad de trabajo y que hoy, por tecnicismos de la normativa de pensiones, y la falta de voluntad de algunas autoridades, se ven obligados a subsistir en condiciones difíciles. ¿Acaso nos hemos olvidado de que estas personas aportaron, en su momento y conforme a sus posibilidades, al sistema de pensiones? ¿Acaso estos hombres y mujeres no merecen un renta justa que les ofrezca una subsistencia digna? 

Los jubilados claman una nivelación de sus ingresos al salario mínimo nacional de 815,40 bolivianos y un incremento adicional del 6,5% a su renta de vejez. A efectos de ser escuchada, la denominada “generación sándwich”, heredada del antiguo sistema de reparto, ha protagonizado una masiva marcha de protesta a la ciudad de La Paz, donde intentó ingresar en la plaza Murillo, donde fue reprimida por las fuerzas del orden, fuertemente equipadas. El objeto de esta movilización era lograr un acuerdo con el Estado, conducente a mejorar los ingresos que perciben. Como si la vida no les fuese suficientemente dura, se ven obligados a ampollar sus pies en el duro asfalto del altiplano y someter su rostro al duro sol de principios de invierno. A pesar de todo este esfuerzo y despliegue de necesidades, las autoridades responsables de analizar y mediar en este conflicto no han atendido las peticiones. Al contrario, se han mantenido firmes, señalando que el incremento solicitado no corresponde en aplicación a la Ley de Pensiones en vigencia. La falta de un acuerdo ha dejado este tema aún en la mesa, con amenazas de radicalización de medidas. 

Contextualizando el problema, estos individuos deben pasar la mensualidad con 99 dólares ¿Cuánto cuesta un alquiler? ¿Cuántos fondos podrán disponer para garantizar el plato de cada día? De gas y otras comodidades, ni hablar ¿Podrán acceder al sistema de salud? Sin duda, muchos de ellos no. Sobre el tapete queda la interrogante de si vale la pena ejercer mano dura con estas añejas personas. 

La Central Obrera Boliviana se ha sumado a las movilizaciones y ha asegurado su apoyo a esta clase urgida, ganando puntos ante la opinión pública, en la lucha de reivindicación de los derechos de los trabajadores. Sustancialmente oportuna la aparición de los dirigentes de esta organización social, frente a los comicios para nuevas autoridades que se realizarán próximamente en Cochabamba. 

El protagonismo en la solución de este embrollo le correspondía al Gobierno, el que, por su naturaleza popular, debería haber hallado los instrumentos y los interlocutores que viabilicen un acuerdo. 

lunes, 16 de mayo de 2011

Votamos y votaremos sin derecho a elegir | eju.tv

Votamos y votaremos sin derecho a elegir | eju.tv: "En los hechos, no serán elecciones para elegir, sino para cohonestar la elección directa de más de 50 magistrados para los cuatro Tribunales del Órgano Judicial: el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo de la Judicatura y el Tribunal Agrario Nacional. Previa a esa burla eleccionaria, se llevará a cabo una preselección de candidatos en la Asamblea Legislativa, que determinará quién va o no va a la elección directa. Merced a la aplanadora de dos tercios que tiene el oficialismo en el poder Legislativo, a la elección irán solo los afines al MAS.
Si hasta ahora ya existían administradores de justicia cooptados por el oficialismo, las elecciones de marras solo van a dar apariencia de justa o razonable a una acción que no lo es, y aunque algunos la maticen con que es ‘inédita’, que tampoco lo es, pues hay muchos países que si eligen a las autoridades de sus respectivos poderes judiciales." (Fragmento del artículo de Susana Seleme publicado en www.eju.tv bajo el título igual)

sábado, 14 de mayo de 2011

Lydia con mayúscula

Lydia con mayúscula: "Como ocurre con los grandes, el momento estelar de Lydia fue el de su caída. Con todos los honores. Sin arriar banderas.

Propinándoles una bofetada en el alma, si la tenían, a los traidores. La mujer inerme que cayó rodeada de una escasa docena de sus leales ministros, sembró temor entre sus adversarios que para vencerla movilizaron a perversos escuadrones paramilitares a los que los uniformados de la conjura les abrían puertas y dejaban pasar. Es que su solo nombre era sinónimo de lucha y defensa intransigente de los ideales democráticos y populares. Lydia con mayúscula y lydia con minúscula. Desde su jornada inicial en el gremio de los bancarios hasta el de su partida final rodeada del respecto, el afecto y el reconocimiento de los bolivianos. Fue la suya una larga existencia pródiga en la conquista de altas metas.

La muerte de Lydia Gueiler, no por esperada debido a su avanzada edad y los males que la aquejaban, es menos dolorosa. Pero las personas como ella nunca mueren del todo. Pasan a la posteridad por las anchas puertas de la historia. Historia que, en su caso, la tuvo por constructora en los talleres del sindicato, la calle, el parlamento y la presidencia de la república." (el autor O. Peña fue Ministro de Información de Lydia Gueiller)

domingo, 8 de mayo de 2011

al paso que va de tanto "tirar las cuerdas" pueden llegar a romperse con imprevisibles consecuencias pronostica Manfredo Kempff en El Dia, SC

Todos conocemos aquel dicho popular que dice que no se debe estirar la cuerda hasta romperla. Eso quiere decir que todo tiene su medida, todo su límite, que si no se respeta la regla se produce el conflicto. Hace mucho tiempo –desde sus inicios– que el MAS ha estado jalando de la cuerda imprudentemente, de manera abusiva, aprovechando de una mayoría electoral y parlamentaria que hoy no refleja la realidad que vive el país.

Pero, bien o mal, el MAS retiene una amplia mayoría en la Asamblea Plurinacional que supera los dos tercios y, por lo tanto, maneja la llave maestra para aprobar las leyes que estime pertinentes. Lo malo de todo esto es que con su mayoría ha relegado a la oposición al silencio o para ser más precisos hace oídos sordos a un griterío impotente. La oposición parlamentaria está arrinconada y hasta fraccionada al sentirse inválida.

Eso no es culpa del MAS, dirán los oficialistas. Se impone la mayoría y punto. El rodillo aplasta al contrincante como lo aplastó siempre. Pero si se revisa el proceso democrático vigente desde 1982, veremos que jamás dejaron de existir acuerdos parlamentarios para los asuntos centrales, como ser una ley de necesidad de reforma de la Constitución,  donde participaron con su aporte moros y cristianos. Y así con otras normas importantes para el país en que fue necesaria una concertación, como en la selección de tribunos.

Ahora no existe eso, ni dentro ni fuera de la Asamblea. Se aplican los dos tercios y tema concluido. O se “socializa” un decreto con los movimientos sociales afines y no hay necesidad de consultar a nadie más. El problema es que eso resulta ser un concepto de democracia totalitaria, si cabe el término. Queda a la vista que el MAS no es un movimiento democrático y que tiene tentaciones fácticas diariamente, que desvirtúa la noción de institucionalidad.

Sabemos que tiene en sus manos la Asamblea, pero, además, tiene el Órgano Judicial, que lo pretende “blanquear” mediante unas elecciones que ya han causado preocupación hasta en el Alto Comisionado de las NNUU para los Derechos Humanos en Bolivia y en el propio Defensor del Pueblo a quien no se le puede imputar que sea miembro de la oposición. 

Eso de que se quiera elegir a las principales magistraturas judiciales de listas aprobadas en la Asamblea no es otra cosa que obligar a votar a la ciudadanía por los candidatos que designe el MAS. Para eso es mejor no votar.

Algo similar ha ocurrido con la Ley del Régimen Electoral, mediante la cual el oficialismo quiere engullirse también el Órgano Electoral, o como se llame, mediante maniobras descalificadoras que esconden tras de una gruesa cortina los nombres de los candidatos a ocupar esa institución, además de sus antecedentes y conocimientos. Es decir que el pueblo es un testigo ciego y nada más. En esas circunstancias, ¿para qué tanta farsa? ¿No sería mejor –como ha dicho un editorial de este periódico– que S.E. designe a dedo a jueces, magistrados y miembros del Órgano Electoral? ¿No se ahorrarían recursos para destinarlos a mejores fines?

El Gobierno tiene amedrentada a la gente, persiguiendo a quienes le incomoda, armando fantasiosas conspiraciones, oscuros propósitos separatistas, encarcelando y provocando exilios. Ha tumbado a los gobernadores de Pando y Tarija y ahora está enloquecido detrás de Ernesto Suárez, Gobernador del Beni. Después intentará con el Gobernador cruceño. Empresarios como Samuel Doria Medina tienen que acudir a tribunales porque el Gobierno le endosa declaraciones desestabilizadoras. Al no poder dañarlo por esa vía inconsistente, revierte su industria cementera al Estado, procede a una anotación preventiva de sus bienes, y lo arraiga. Ese abuso de poder, es, por decir lo menos, infame. Y desde otro punto de vista sucede algo similar con el empresario Humberto Roca, que se ve obligado a pedir asilo en España. Éste es un Gobierno vengativo.

Los ejemplos sobre la prepotencia del poder y los abusos cometidos son innumerables. Cuando se reclama por tanta arbitrariedad la respuesta es una sola: somos mayoría. ¿Así que por ser mayoría el resto no cuenta? ¿Así entiende la democracia S.E.? ¿El MAS será mayoría ahora, en este momento? Sabemos que no. Pero el totalitarismo continúa con paso firme. Prosigue la presión contra los adversarios hasta llevarlos al límite. Se anuncian nuevos juicios. Se anuncian nuevas leyes utilizando el rodillo y la fortaleza de movimientos sociales fantasmas.

Si el Gobierno acorrala a la oposición, va a romper la cuerda. Va a terminar con el sistema de derecho. Cuando al adversario no se le da ninguna posibilidad de manifestarse, cuando se lo deja sin chance alguna, se lo empuja a la protesta callejera primero, y de ahí a la rebelión. Y en Bolivia el pueblo es rebelde. Eso lo sabe muy bien el MAS. Si el Gobierno quiere imponerse por la fuerza bruta, está buscando que también pretendan echarlo por la fuerza. De un año a esta parte el equilibrio del poder ha cambiado. Es bueno que S.E. se convenza de eso. Que también se convenza el Vicepresidente. Así ambos se van a evitar lamentos posteriores. Y se lo evitarán a Bolivia también.

miércoles, 4 de mayo de 2011

mesurado. cada palabra en su sitio. editorial de El Deber sobre el terrorismo de OBL y su muerte

La muerte de Osama Bin Laden, quien fue ejecutado por un escuadrón especializado de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Pakistán, marca la derrota de un grupo islámico que eligió el terror como forma de acción política.
Se trata de un golpe duro para este grupo, llamado Al Qaeda, aunque resulta difícil predecir si es un golpe mortal. Pero es un golpe con mucha repercusión, en vista de que fue la gente de Bin Laden la que ejecutó el ataque despiadado a las torres gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001.
Aquel golpe del terrorismo fue espectacular, además de despiadado, porque fue el producto de una maquinación genial, perversamente genial, para demoler dos edificios que tenían estructuras de acero. Introducir una carga de gasolina dentro de dos moles gigantescas, usando dos aviones repletos de pasajeros -y de gasolina-, fue la genialidad del ingeniero experto en demoliciones como era Osama Bin Laden, nacido en Arabia Saudita, dentro de una familia acomodada.
Diez años después de aquel espectáculo de destrucción llega el momento de la ejecución de su líder, a cargo de un escuadrón de tropas de elite de Estados Unidos. Llega esta represión cuando el apoyo al grupo Al Qaeda está en una grave crisis.
En efecto, una encuesta realizada por el Pew Research Center revela que la opinión pública de los países donde se concentran las mayores simpatías por este grupo se está desencantando de manera acelerada.
Esto podría significar que incluso en países como Nigeria, Indonesia, Egipto o Pakistán, la gente ha comenzado a desconfiar de la eficacia del terrorismo como acción política. Y fue precisamente en Pakistán donde fue abatido Bin Laden. 
Es cierto, la causa palestina sigue siendo una cuenta que figura en la columna del “debe” en este equilibrio, pero incluso en los territorios donde es más fuerte el apoyo en defensa de los territorios árabes sometidos por Israel la opción violenta ha perdido simpatías, según la encuesta.
La opción terrorista fue una tentación en muchos países. Bolivia es un país donde se puede demostrar que quienes en algún momento tomaron la opción del terrorismo terminaron inclinándose por la vía democrática, como se puede ver en actores de la actualidad nacional.
La opción violenta es tan antigua como la historia de la humanidad, pero la civilización ha traído propuestas novedosas, como la que enarboló y practicó Mahatma Ghandi, en la India, en contra del imperio británico.
La tentación de la violencia es muy grande para los jóvenes, como se ha visto también en Bolivia. Uno de los más famosos partidarios de la guerrilla, el Che Guevara, vino a morir aquí y comprobar que estaba equivocado.
Ahora el terrorismo islámico, aunque disminuido, sigue activo, mezclado con las propuestas violentas de las mafias vinculadas al narcotráfico. Bin Laden estuvo en Afganistán, el principal centro de producción del opio, y cayó en Pakistán, el centro de mayor propagación de esa droga.
Bolivia tendría que poner atención a estos hechos, que vienen de la mano del narcotráfico y permanecer alerta sin bajar la guardia. 

lunes, 2 de mayo de 2011

un simple texto no cambia nada. el 21060 sigue vigente hasta tanto no se lo sustituya por otras medidas taxativas. lo que hay (sin nombres) es una comisión para estudiar qué cosas se cambiarán. (La Prensa. LP)

Veintiséis años después de haber sido promulgado, el DS 21060 seguía siendo un hueso duro de roer, a juzgar por los esfuerzos que hace el Gobierno del presidente Evo Morales por sacárselo de encima. 

Los festejos del 1 de mayo, reducidos a una ceremonia en el único centro minero plenamente estatal, se limitaron a la creación de una comisión gubernamental que deberá estudiar la forma de distinguir y luego eliminar las herencias del decreto firmado por el último gobierno del doctor Víctor Paz Estenssoro. 

En 1985, el Gobierno de entonces demoró 26 días en elaborar el documento que habría de marcar la economía del país hasta ahora, quizás hasta cuándo más. 

El actual Gobierno, que lleva en el cargo cinco años, parece empeñado en la lucha contra un fantasma cuando anuncia que eliminará todos los vestigios del 21060, pero no atina a hacerlo. 

El principal concepto del tozudo decreto es que el mercado fija los precios y de esa manera define la asignación de los recursos. 

En un país donde el 70 por ciento de las actividades económicas son informales, proponer que habrá una autoridad que fije los precios de todo es algo fuera de lugar. 

En un país donde la tasa de desempleo es del 10 por ciento de la población económicamente activa, si no un 25 por ciento, como dice la COB, parece muy difícil anunciar el fin de la libre contratación. 

Lo que tiene a su favor el 21060 es que está del lado de las tendencias naturales de la economía. Si hasta los países que se llaman comunistas, incluidos China y Cuba, se doblegan ante las leyes del libre mercado, resulta difícil entender que alguien se proponga derogarlas. 

En Huanuni, donde el presidente Morales prefirió concentrar sus actividades en el Día del Trabajo, los mineros estatales le dijeron que apoyaban la idea de que todas las explotaciones estatales sean nacionalizadas. 

El problema es que los trabajadores de todas las empresas privadas se han pronunciado en contra de esa idea, con lo cual frustraron la principal iniciativa del Gobierno para cumplir con el rito nacionalizador del 1 de mayo. 

Al parecer, los trabajadores de las empresas mineras estatales consideran que la gestión del Gobierno en el manejo de las empresas estatales ha escarmentado a quienes apoyaban el estatismo. 

Quizás haya llegado el momento para repensar algunos principios que rigen el comportamiento de los gobiernos, de tal modo que comiencen por comprender que la gente, es decir los ciudadanos, tiene preferencias diferentes. 

Es probable que este festejo del Día del Trabajo haya sido el más triste de todos los que tuvo el actual Gobierno. Debió recluirse en un centro minero estatizado y reducir sus ímpetus a lo mínimo. 

Para consolarse, el Gobierno tendría que comprender que al hacer lo que la gente quiere, no está traicionando a nadie, sino a unos pocos ideólogos que, por lo que se puede apreciar, no entienden cómo han cambiado los tiempos. 

El presidente Morales, quien conduce el Gobierno del cambio, no tendría que molestarse si las tendencias predominantes le obligan a cambiar sus puntos de vista. Al fin y al cabo, lo único seguro es que todo cambia.