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jueves, 30 de octubre de 2014

cuánto tiempo necesita un Presidente para pasar a la historia? 2 como Kennedy, 5 como Mandela, 34 como Mugave, 15, 20 o más como pretende Evo? Raúl Peñaranda repasa la historia. entretenido y aleccionador.

¿Cuántos años se necesita estar en el poder para pasar a la historia? ¿Cinco como Nelson Mandela u 11 como Margareth Thatcher? ¿Dos como John Kennedy o 12 como Franklin Delano Roosevelt? ¿Cinco como José Mujica o 14 –o 19, o 24– como Evo Morales?
No siempre las gestiones presidenciales más largas son las que mejor se recuerdan. Mugabe tiene 90 años y ha ganado (por lo menos eso dice él) todos los comicios desde hace 34 años. Aprobó la reelección indefinida al terminar su tercer mandato. Actualmente dirige su séptimo período presidencial. Su vecino sudafricano, Nelson Mandela, fue como él un líder revolucionario, un liberador de los pueblos de África, un luchador contra el colonialismo europeo. Pero Mugabe no quiso irse.
Tiene 90 años y ha dicho que espera volver a presentarse en los comicios previstos para el año 2018, cuando tenga 94. A su muerte, todos creen que será sucedido en el Gobierno por uno de sus colaboradores, muchos de los cuales llevan en el gabinete los mismos 34 años que Mugabe está en el poder.
No sólo en África están los líderes que se reeligen indefinidamente: el argentino Martín Caparrós lo puso muy bien: “en América Latina, la figura del dictador tradicional ha sido reemplazada por la realidad del presidente democráticamente elegido que no soporta la idea de dejar de serlo”. Evo no piensa en bajarse del tren, lo mismo que Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua y, en su momento, Chávez en Venezuela. La tentación de seguir aferrado al cargo es muy grande y si las instituciones son débiles, los presidentes harán todo lo posible por cambiar las reglas y quedarse. Álvaro Uribe también intentó torcer la ley para ir a un tercer mandato pero la Corte Suprema de su país se lo negó. Esas mismas cortes permitieron reelecciones en Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia.
Sabemos que Mandela pasará a la historia como uno de los personajes centrales del siglo XX, el hombre del diálogo, de la reconciliación, de la paz. Mugabe pasará como el corrupto dictadorzuelo que es, una sanguijuela que no tiene ya ni rastros de su espíritu revolucionario de fines de los 70. Está hinchado en plata y se ha cebado con la sangre de sus opositores. Miles de ellos han muerto durante su mandato.
Tampoco es justo tomar al mejor líder mundial del siglo XX y compararlo con uno de los peores. Pero sí es cierto que, pudiendo reelegirse, Mandela prefirió no hacerlo. Y vivió todavía 14 intensos años más, con la misma austeridad que tuvo durante sus 27 años de injusto encierro.
También ha habido líderes de larga permanencia en el poder que se recuerdan hasta hoy como trascendentales. Todos ellos pertenecen a países de sistema parlamentario, donde la reelección indefinida es permitida puesto que el Congreso puede echarlos cuando quiere. Sólo en algunos países de África, y ahora de América Latina, existen regímenes presidencialistas en los que se permite la reelección indefinida.
Volvamos al principio. ¿Pasan a la historia como grandes estadistas quienes están más o menos tiempo en el poder? Si Juan Manuel Santos logra la paz en Colombia, sus ocho años serán más que suficientes para alcanzar la gloria. Lula da Silva, con su Gobierno popular y su apego a reformas sociales, también tuvo suficiente con ocho años. Y si Michelle Bachelet consigue la educación gratuita en su país, quizás sea el personaje del siglo XXI para los chilenos. José Mujica, por su parte, va a gobernar sólo cinco años pero en ese período legalizó la marihuana, el matrimonio homosexual y el aborto. Puso a su país en la vanguardia internacional. Se lo rumoreó, con chances ciertas, para recibir el Premio Nobel de la Paz. Sólo cinco años...
Evo Morales también entrará a la historia como uno de los líderes indígenas y populares latinoamericanos más importantes.
Pero su régimen tendrá la misma curva que el de los otros regímenes extensos. Se empieza bien, luego se sube y, en algunos casos, como Mugabe, se cae al abismo del desprecio internacional. Dependiendo de la decisión que tome Morales en 2019 veremos si tendrá más chances de ser recordado como Mandela o como Mugabe.
El autor es periodista

domingo, 26 de octubre de 2014

el suplemento OH! de LT reproduce una entrevista que Carlos Mesa brindó en México a propósito de la entrega de su último libro Soliloquio del Conquistador, sobre Hernán Cortés, controvertido guerrero de gran coraje y temerario que conquistó México a sangre y fuego. (La foto de cuando fue Jefe del Estado)

Apasionado de la historia y de la comunicación, Carlos Mesa (La Paz, 1953) gobernó Bolivia en uno de los períodos más convulsos de su historia reciente, paso previo al ascenso del indígena Evo Morales. Una década después reflexiona en una entrevista con Efe en México sobre cuáles fueron las razones de su salida del poder y sobre la situación actual del país andino.
Con más canas pero con el mismo aspecto jovial y vital de siempre, Carlos Mesa dispara las ideas a ráfagas, haciendo gala de la rapidez mental y locuacidad propia de los grandes oradores. Efe lo entrevista en la capital mexicana donde acudió para presentar el libro “Soliloquio del conquistador”, centrado en la figura de Hernán Cortés y que él define como “una reflexión desde la novela de lo que significó el proceso de la conquista de América” y sobre “la evidencia de que tú no puedes cortar la historia en pedazos y elegir la que te guste y olvidar la que no te gusta”.


¿Por qué cree que la figura de Cortés en México sigue siendo tan controvertida?
Tanto México como Perú y Bolivia no hemos resuelto cuentas con la historia. Es uno de los casos más extraños (que existe). No hay ningún francés que se ponga a cuestionar a Julio César porque llevó a Vercingétorix de rodillas y desnudo frente a él. Ni los españoles están en conflicto con el Imperio Romano. Los americanos tenemos un conflicto con la conquista porque no lo hemos resuelto, porque miramos el futuro con un espejo retrovisor.
Hay que cerrar cuentas con el pasado y reconocer que Cortés es, en un sentido, un fundador, un fundador violento que llevó el terror y que hizo cosas injustas. Pero también los aztecas hicieron cosas terribles: las Guerras Floridas contra los pueblos a los que sojuzgaron… Los tlaxcaltecas no se aliaron con Cortés por el gusto parcial que tenían por él, se aliaron porque estaban absolutamente sometidos por los aztecas.
La historia no es de blancos y negros, de buenos y malos, de héroes y villanos, y creo que Hernán Cortés fue un hombre de su tiempo, quizás el primer renacentista de España.

AVANCES EN EL CAMINO DE CONQUISTA DE LA IGUALDAD
¿Quinientos años es tiempo suficiente para cerrar heridas?
Yo creo que sí. Precisamente por eso es que la novela trata de establecer una explicación que no sea anclarse en el pasado, sino entenderlo, y entender el pasado es asumirlo con todo lo bueno y lo malo que tuvo.
Hablaba usted de la importancia del mestizaje. En América Latina, ¿hasta qué punto ese es un tema resuelto?
Creo que estamos en el camino de transición más importante de la historia reciente. En el caso de Bolivia y un presidente indígena marca una transición, una transición que cierra una página, no que la abre.
Bolivia tuvo una revolución como la tuvo México y el presidente de Bolivia cierra ese camino de construcción de igualdad. Todavía tenemos en América Latina un profundo sustrato racista que va a costar generaciones cambiar, pero tener a los indígenas en el centro de la acción política, en el centro de las decisiones, como protagonistas de la economía, muestra lo que va a vivir Guatemala, lo que está viviendo de alguna manera Ecuador, lo que vivirá Perú, lo que tiene que vivir México, en proporciones distintas. El camino de la conquista de la igualdad es un camino en el que hoy se está avanzando más que nunca.

Hace casi una década desde que usted abandonó el poder en Bolivia. ¿Por qué cree que no pudo tener una participación más prolongada en todo ese proceso de cambio que se estaba dando en su país?
Uno, porque era independiente, no tenía partido político; dos, porque concebía la política con cierta ingenuidad; y tres, porque estábamos en los umbrales de una transformación que no podía llevar adelante alguien por intermedio. Es decir, yo no soy indígena y Bolivia necesitaba ese cambio representado por alguien como el presidente Morales.
En consecuencia, no es que yo no llevara adelante transformaciones importantes, hicimos un referéndum de hidrocarburos que prácticamente los nacionalizó; llevamos adelante un respeto a los derechos humanos; resolví el tema de la crisis económica; convoqué a la Asamblea Constituyente y al referéndum de autonomías, que hizo posible el siguiente Gobierno.
Me siento satisfecho de lo que hice, lo hice en paz, evitando un conflicto que pudo ser una guerra interna y abrí las puertas para un camino de transformación que tiene sus luces y sombras... pero esa es otra historia.

¿Cree usted que el haber dado voz a los autonomistas de Santa Cruz, porque usted fue el primero que lo hizo, pudo haber sido el principio y el fin de su gobierno?
Era inevitable que en ese momento de tensiones tan fuertes yo estuviera atrapado en dos tenazas que tenía que ver con reivindicaciones radicales que luego se decantaron en la racionalidad.
El ‘quiero esto inmediatamente y hacerlo de la manera más absoluta’ no fue lo que hizo el siguiente gobierno en el ámbito de los hidrocarburos, ni lo que hizo el proceso autonómico en el ámbito de las reivindicaciones. Por cierto, no era verdad como se pensaba que había una tensión que podía romper a Bolivia. Está mucho más fácil que se quiebre Cataluña de España que se quiebre Santa Cruz de Bolivia.
El país no estuvo en el nivel del quiebre, estuvo representado por tensiones políticas que se expresaron regionalmente. Todavía las regiones tienen diferencias, pero hoy en día somos una nación autonómica, aunque la autonomía no está planteada a plenitud.

LA DÉCADA DE LA BONANZA ECONÓMICA EN AMÉRICA DEL SUR
¿Hasta qué punto ha cambiado Bolivia respecto a la que usted gobernó en materia económica?
La bonanza económica no es de Bolivia, es de América del Sur. América del Sur ha vivido la década más espectacular de su historia económica con ventaja, y eso implica que si tú vendías el gas como lo vendía yo, a 1,2 dólares el millar de pies cúbicos, el Presidente Morales lo vende entre 9 y 13. Y eso vale para Bolivia, para Brasil, para Argentina, para Ecuador.
La bonanza sudamericana es independiente de tu tendencia ideológica. Tan bien le va al Perú liberal, como a la Bolivia estatista. Eso no quiere decir que sea lo político lo que marca la diferencia, sino la bonanza económica. Cómo lo administras, y Bolivia y Perú lo han administrado bien, cada cual con su propia lógica, te demuestra que si manejas bien la macroeconomía puedes ser estatista o ser liberal y tener buenos resultados.

Cuando llegó al poder Morales en Bolivia se hablaba del giro a la izquierda de América Latina y coincidió con el inicio de esta bonanza económica. Teniendo en cuenta la aparente desaceleración de las economías sudamericanas, ¿cree que puede haber un cambio de tendencia?
Creo que ahora vamos en un giro al centro. No creo que vayamos a volver al liberalismo radical, ni vamos a mantenernos en el estatismo del socialismo del siglo XXI. Mi opinión es que vamos hacia un centro en el que el estado juega un papel muy importante, donde hay una lógica de la macroeconomía bien manejada y donde hay una flexibilidad para entender que estamos en un mercado internacional abierto a la economía de mercado.

¿Significa que puede haber cambios en las elecciones en Brasil?
Es una buena pregunta. Brasil tiene la posibilidad de que la señora Rousseff repita o que entre el señor Aecio Neves. Si entra Aecio Neves, ese es un giro que ya se marcaría con claridad en la dirección que estoy mencionando. Si se mantiene Dilma Rousseff mi impresión es que ella va a tener que incentivar el crecimiento, que en el caso de Brasil está un poco detenido.
Consultado luego por el caso de Uruguay, que es otro de los países que está a punto de celebrar elecciones, Mesa considera que, pase lo que pase entre los candidatos Luis Lacalle Pou y Tabaré Vázquez, el camino será el mismo, hacia el centro.
Por último, aunque al principio de la entrevista el expresidente advertiá de que no hablaría de las elecciones en su país, la historia le lleva inexorablemente del pasado al presente cuando vuelve a equiparar la Revolución Mexicana de 1910 con la Revolución boliviana de 1952, que considera “una revolución de verdad”.
“El presidente Evo Morales cierra la página de la Revolución del 52. Termina de incorporar todos los caminos de incorporación de los indígenas siendo el Presidente y estableciendo una ley contra el racismo y la igualdad, una constitución plurinacional. Es decir, el 52 abre la página y el presidente Morales la cierra”.

¿La página se va a cerrar dentro de cinco años o va a continuar?
Es complicado. Hablar de los próximos cinco años es muy difícil porque entramos en un ciclo económico distinto al que el Presidente (Morales) ha conocido hasta hoy y, por lo tanto, hay que conocer cómo responde a ese desafío.

"Me siento satisfecho de lo que hice, lo hice en paz, evitando un conflicto que pudo ser una guerra interna y abrí las puertas para un camino de transformación que tiene sus luces y sombras... pero esa es otra historia"

domingo, 19 de octubre de 2014

"se estampó la firma más dramática en la historia" esto ocurrió el 20de octubre. el 10 de mayo el Congreso ratificó ese documento perverso, traidor y que nos despojó de 400 km. de costa y 120 mil kilómetros cuadrados de superficie. Chile no ha cumplido el Tratado de 1904, nos lo asegura Carlos Mesa.

El 20 de octubre de 1904, Alberto Gutiérrez embajador de Bolivia en Chile, estampaba a nombre de la nación boliviana debajo del texto del “Tratado de Paz y Amistad” entre Chile y Bolivia, la firma más dramática de todas las que se hayan rubricado en la historia de la República. Meses después, el 10 de mayo de 1905, el Congreso ratificó ese documento tras un debate intenso, áspero y amargo, en el que no sólo los parlamentarios opositores sino muchos del Partido Liberal en el Gobierno, hicieron lo que en sus manos estuvo para impedir la consumación de un hecho de incalculables consecuencias para el país.
La firma del Tratado y las razones esgrimidas por quienes lo respaldaron, los llamados “practicistas”, puede explicarse pero nunca justificarse. La evidencia de un territorio físicamente en poder del enemigo y fuertemente militarizado, se sumaba a la percepción de los gobernantes bolivianos de que era una página que debía cerrarse. Para hacerlo, líderes de la dimensión de Pando y Montes no consideraron el antecedente más importante que tenía a mano, los tratados de 1895. En ese año se había suscrito un tratado en el que la compensación por la cesión de nuestro territorio marítimo era algo más que el plato de lentejas que se recibió en 1904. Era el Tratado de Transferencia de Territorio de 18 de mayo de 1895, en el que se acordó: “de acuerdo en que una necesidad superior y el futuro desarrollo y prosperidad comercial de Bolivia requieren su libre y natural acceso al mar, han determinado (Chile y Bolivia) ajustar un Tratado especial sobre transferencia de territorio”. No había equívocos. El tratado establecía opciones, sean estas Tacna o Arica (entonces con soberanía todavía no resuelta entre Chile y Perú), o de no ser posible, la caleta Vítor.
El malhadado Tratado, en cambio, entregó 120.000 km2 de superficie, 400 km lineales de costa, riquezas de guano, salitre y plata e ingentes riquezas de cobre, el principal rubro de exportaciones de Chile hasta hoy (que ha recibido más de 950.000 millones de dólares –no indexados– por sus exportaciones en un siglo). ¿Y cuál fue la contrapartida? Libre tránsito por puertos chilenos, la construcción de un ferrocarril (Arica-La Paz), el 5 por ciento de garantía sobre capitales para la eventual construcción de líneas férreas en los siguientes 30 años y 300. 000 libras esterlinas. ¡Menudo negocio!
Fue una decisión desastrosa basada en una lectura inmediatista y de presente que encegueció a nuestros gobernantes. Tuvo que ver con la combinación de la obsesión “modernizadora” y la necesidad de las elites de hacer más eficiente el proceso de producción y exportación de nuestras riquezas minerales a través de esa deidad del progreso que era el ferrocarril. No está de más recordar también la presencia entonces de importantes empresas chilenas en la minería boliviana. El Tratado fue un baldón, un error histórico que ningún boliviano, por mucha voluntad de apertura mental que tenga, puede ni debe justificar. Pero el Tratado fue, ahí está y es lo que es.
Bolivia, no Chile, ha cumplido rigurosa y escrupulosamente sus terribles páginas honrando su fe como Estado para hacer honor a la idea de un acuerdo de paz y no de amistad, porque no puede honrar la amistad de nadie un documento cuya consecuencia es el enclaustramiento de una nación que vio la vida independiente con acceso soberano al mar.
Pero el Tratado es historia, es una página pasada. Los años que nos separan de él nos han permitido entender que la mirada de futuro no puede anclarse en 1904, sino por el contrario en la filosofía que Bolivia y Chile formularon a partir de la sabiduría de Daniel Sánchez Bustamante, quien en 1910 comprendió que había que proponer a Chile negociar una salida soberana a Bolivia sin tocar el Tratado. Esa lógica fue comprendida por varios gobernantes chilenos que fueron conscientes de que las relaciones entre ambos países no recuperarían su plenitud si no se le entregaba un acceso soberano a nuestro país.
Durante décadas hombres de Estado de nuestro vecino ofrecieron formalmente esa salida con la certeza de que cualquier negociación y cualquier solución al problema debían plantearse y desarrollarse fuera del Tratado y sin tocar ninguna de sus cláusulas. Por eso, si hay algo que recordar de tan infausto documento, no es el dogal que significó, sino todo aquello que se hizo -y bien hecho- entre 1910 y 1983, cuando ambas naciones estudiaron caminos alternativos para resolver el meollo de la cuestión. Lo que de esas promesas unilaterales y negociaciones bilaterales quedó como sedimento es una rica jurisprudencia que hoy, quienes gobiernan Chile, pretenden esconder debajo de la alfombra. Los reiterados compromisos de un Estado no pueden ser olvidados en ningún Gobierno y menos en un Gobierno progresista y democrático. La palabra de los gobernantes de un país compromete al Estado en cualquier tiempo hasta que esa palabra sea honrada.

El autor fue Presidente de la República.
http://carlosdmesa.com/
Twitter: @carlosdmesag

viernes, 17 de octubre de 2014

el intento de traer "cascos azules a Bolivia" no está confirmado, lo cierto es que hace 11 años, un dia como hoy, Bolivia atravesó por una crisis mortal, con agentes de Cuba, de Venezuela y de las FARC, para derrocar al Gobierno Constitucional. (El Deber en Wáshington)

TUFFÍ ARÉ VÁZQUEZ
tare@eldeber.com.bo
El jueves 16 de octubre de 2003, un día antes de la caída del expresidente Gonzalo Sánchez de Lozada, el exlíder de NFR, Manfred Reyes Villa, fue consultado en una reunión que duró media hora si estaba dispuesto a continuar en el Gobierno. En el encuentro, que tuvo como protagonistas también al exmandatario y a su exministro Carlos Sánchez Berzaín, se analizó la crisis y su futuro, mencionándose como una posibilidad la intervención de los cascos azules. “Como las FFAA estaban con la moral baja por la semana tan crítica, se analizó aguantar con el posible apoyo de los cascos azules”, reveló una fuente confiable que conoce detalles de ese encuentro decisivo, en el que Reyes Villa decidió no seguir en el Gobierno. El encuentro cumbre ocurrió entonces en una sala pegada al dormitorio que está en la segunda planta de la residencia presidencial. 
Tuffi, Auza de El Deber y Goni en su casa fuera de Washington, USA


Consultado por EL DEBER sobre esta revelación de una fuente confiable, Manfred Reyes Villa dijo ayer por teléfono desde EEUU que por ahora prefiere no pronunciarse sobre el tema y que tal vez algún día lo hará. El líder de NFR aprovechó más bien para aclarar que su partido solo estuvo dos meses en el Gobierno de Sánchez de Lozada y su ingreso fue motivado porque la situación de la democracia era crítica. “No participamos en ninguna decisión. Entramos con la condición de que se reforme el tema de los hidrocarburos y se llame a un referéndum para definir si se debía vender o no gas a Chile. Ingresamos el 20 de agosto y yo permanecí en EEUU. Solo estuvimos dos meses”, dijo. 

Sánchez Berzaín lo niega
“No recuerdo si hubo la reunión. Nunca estuve en ella. Hay muchos dimes y diretes que salen de contexto. Si hubo injerencia externa fue de Cuba y Venezuela, con gente armada de las FARC y milicianos”, afirmó ayer desde EEUU el exministro Carlos Sánchez Berzaín.
El excolaborador de Sánchez de Lozada insiste en que el expresidente fue derrocado mediante un supuesto golpe. “Este 17 de octubre se cumplen 11 años del cogobierno Evo-Mesa. Ambos siempre fueron aliados y Mesa es operador político de Morales. No me extrañaría que cuando Evo deje el Gobierno este sea su alternativa para sustituirlo”, expresó Sánchez Berzaín.

Vino Marco Aurelio García
Un expresidente, que también siguió los hechos de octubre de 2003, descarta la versión de que los cascos azules se alistaron para intervenir, pero confirma que en el país estuvo esos días Marco Aurelio García, el asesor de política internacional del Gobierno de Lula da Silva.
“Él me llamó entonces para decirme que había llegado a Bolivia para ayudar a encontrar una salida democrática a la crisis de octubre de 2003”, relató ayer el exmandatario. 
A los pocos días de la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada, un exministro reveló también que la renuncia del exmandatario y su sucesión contaron con el aval final del entonces embajador de Estados Unidos en La Paz

lunes, 6 de octubre de 2014

Gastón Cornejo explaya su pluma galana en el libro de Roxana Cortez sobre "Manuela Gandarillas" una de las heroínas de la Coronilla y sobre las fuentes que nutrieron la documentada publicación tan añeja al celo cochabambino. destaca Gastón que la recuperación de la Casona Gandarillas fue labor de Hugo Bilbao La Vieja, a pesar de que los lauros se atribuyó un Alcalde por vanidad propia.

Se presentó el libro titulado “Manuela Gandarillas y Familia” de
la historiadora Doña Lila Roxana Cortez Montalvo, licenciada en la Pontificia Universidad Católica de Campinas Brasil. 

Exclusiva y hermosa obra de investigación genealógica y de análisis evocativo sobre los fastos históricos de la libertad conquistada por seres valientes y mártires enCochabamba.

Texto sentido del Dr. Gastón Cornejo en OPINION de Cochabamba.




Luego de un exhaustivo y laborioso trabajo que demandó mucho tiempo, revisión de datos, comparación de fuentes, extracción de archivos, lectura de textos históricos de autores nacionales y extranjeros, la autora desarrolla en seis capítulos todo un extenso y concatenado estudio: “Siguiendo la huella de nuestros héroes, el origen de la familia de Eras y Gandarillas, Nuevos testimonios, información sobre los hechos de 1812, la Casona Gandarillas, las Heroínas con el correspondiente árbol genealógico y conclusiones” sumamente valiosas para nuestro culto histórico.

Se consultaron repositorios principales: Municipal, Gobernación, Eclesiástico de Santo Domingo y La Compañía, Hemeroteca municipal, Empresa de Correos, Archivo Belgraniano, Biblioteca de Mayo; protocolos y expedientes, coloniales y republicanos, libros de bautizos, matrimonios y defunciones, documentos familiares, publicaciones de prensa; más de una treintena de libros, citas puntuales. Con el sello de la editorial Serrano, en lujoso diagrama, diseño y presentación.

El libro rescata nuevos acontecimientos a valorar educativamente para la autoestima de las generaciones a venir, con insumos frescos de última adquisición. Demuestra lo valeroso que fue la gesta de quienes ofrendaron su sangre con la mayor valentía y nos legaron su ejemplo para honra eterna. Varias rectificaciones correctas, delicada expresión afectiva, elevada tesitura cultural, emoción, y aplausos merecidos para el emprendimiento histórico. El historiador Guido Guzmán Salvatierra complementa con juicios certeros y análisis enriquecedor.

Me aproximo a su lectura con una doble intención: profundizar el conocimiento de la verdad histórica y, abrir mi horizonte familiar con datos sobre el entronque de mis antepasados: Bascopé – Eras y Gandarillas, para lograr una respuesta a la persistente incógnita: ¿De dónde vengo? - ¿Quién habita en mi interioridad? Desde ya, sobre el origen del edificio ubicado frente a Santo Domingo, tiene que cambiarse el título: “CASONA GANDARILLAS” por la argumentación expuesta y las múltiples razones incontrovertibles de haber sido pertenencia de patriotas y mártires. A su ingreso se leerá la leyenda escrita por Ivette Pérez Soruco: “Yace en este recinto el espíritu valeroso de la familia Gandarillas, herencia legada a quienes llevamos en la sangre el orgullo y el honor de ser descendientes de una estirpe que enaltece el glorioso triunfo de la LIBERTAD”. Por último, debe salir a luz otra verdad histórica: ¿Quién fue el artífice de rescatar dicho inmueble para la cultura de nuestro pueblo? Adelanto en sintética conclusión: fue el Dr. Hugo Bilbao La Vieja y jamás el exalcalde que figura en la placa de ingreso que también debe retirarse obligatoriamente. Cuando fue presidente de la Comisión de Cultura en gesto personal que lo enaltece, logró el milagro municipal que hasta el presente no ha sido debidamente reconocido.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Quintana qué autoridad moral tiene para juzgar y condenar a Victor Paz? las expresiones de Quintana son replicadas por Calos Mesa. Paz Estenssoro el más grande presidente de Bolivia.

El expresidente Carlos Mesa lamentó ayer que el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, haya calificado como “lacayo” de EEUU al exmandatario Víctor Paz Estenssoro.



El lunes, Quintana presentó el documental “Invasión USA”. En el evento, dijo: “Nos han hecho creer que Víctor Paz Estenssoro era el gran estadista del pueblo boliviano, vamos a ver qué clase de estadista era Paz Estenssoro. Nunca hubo un Presidente más lacayo, subordinado y traidor al pueblo boliviano que Paz Estenssoro".

No solo Mesa cuestionó las afirmaciones de Quintana, sino también varios políticos.